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Sekiro: Shadows Die Twice: Frustración, Versatilidad y Siempre seguir adelante.

Durante los últimos fines de semana he vivido la experiencia más frustrante, estresante y sorpresivamente más divertida de los años recientes.

Donde a las malas he tenido que aprender a lidiar con la increíble frustración de morir constantemente y tener que volver a repetir algo incontables cantidades de veces

He tenido varios enfrentamientos contra un mismo enemigo en los cuales he durado hasta más de 30 minutos solo para cometer un minúsculo error y morir de un rápido golpe, obligándome a tener que empezar desde el principio.

Tuve que aprender que entrar corriendo como un loco al campo de batalla, enfrentándome de frente a todo enemigo que encuentre no es la mejor solución.

Un videojuego que por su dificultad, se convirtió rápidamente en mi experiencia virtual favorita.

Esto fue lo que me hizo sentir Sekiro: Shadows Die Twice

Ambientando en la época Sengoku de Japón, Sekiro cuenta la historia de un Shinobi (Un Mercenario) llamado Lobo al servicio de un joven de una familia adinerada, a quien llaman el Divino heredero. Este joven es perseguido por clanes rivales ya que se sabe que su sangre posee propiedades únicas, capaces de traer a la vida a los guerreros que caigan en batalla.

Durante una trágica noche, el joven es secuestrado por un clan malvado. Pero Lobo logra rescatarlo. Más en el proceso de escapar, es detenido por el general del clan rival y después de una corta pelea, Lobo pierde su brazo izquierdo y es dejado para morir.

Lobo despierta en un templo budista abandonado, rescatado por un escultor que le entrega un brazo prostético el cual le permitirá obtener un sinfín de herramientas poderosas que le brindarán la ventaja en el campo de batalla.

Con la capacidad de volver a la vida debido a su pacto con el joven y su arsenal de herramientas, Lobo se dispone a salvar al Heredero sin importar lo que tome.

Es una historia que ya se ha visto, y no es nada que no se conozca, pero lo interesante es como esta historia y las mecánicas del juego se mezclan de una increíble manera para presentar al jugador con una experiencia única.

El Juego es extremadamente castigador, puedes dar un paso en falso y perder hasta una hora de progreso. Estar peleando contra un Samurai durante mucho tiempo y morir a solo un golpe de salir victorioso.

Sí, es frustrante, pero lo interesante es que el juego te entrega herramientas y opciones (Si eres bien observador) para poder superar estos retos.

Claro, podrías lanzarte al campo de batalla y pelear contra todos los enemigos al tiempo. O podrías utilizar las herramientas de tu brazo prostético para moverte sigilosamente, derrotando a cada enemigo sin que nadie se dé cuenta, abriéndote el paso poco a poco y guardando recursos para las peleas que en verdad son difíciles.

Poco a poco comencé a volverme más versátil en el uso de mis herramientas y los ambientes en los que me encontraba. Dejé de lanzarme como un loco sin medida al campo de batalla y empecé a moverme entre las sombras, intentar evitar el conflicto lo más que pudiera.

Comencé a buscar soluciones alternativas a las peleas, leí a profundidad para aprender cómo funcionaban y que ventajas me podían traer frente a ciertos tipos de enfrentamientos.

Morí infinidad de veces y cada una de estas muertes se convirtieron en oportunidades de aprendizaje, pues descubrí más sobre el juego, sus mecánicas y mis adversarios.

Cuando creí que no tenía opciones para continuar, explorar un poco más me mostró que en este mundo se recompensaba a aquellos curiosos, que iban más allá y que no se quedaban con la primera barrera que se les ponía en frente.

Hoy en día, se siente como que las personas promedio se rinden más fácil y rápido que antes. Donde un solo reto por más pequeño que sea te puede llegar a frenar  te pone en una mentalidad de “No soy capaz”.

Pero me gustaría que vieras esto reflejado dentro de este juego tan castigante pero tan recompensante.

Rendirse es una opción claro, pero solo los que perseveran, buscan opciones, son recursivos y finalmente empujan y empujan hasta que logran su objetivo, son aquellos los que salen adelante, y esto lo podemos ver reflejado en nuestra vida diaria.

Nos acostumbramos a las cosas fáciles, a que un reto puede ser algo aterrador y a veces hasta una montaña imposible de escalar, pero solo aquellos que se miden al reto y ponen a prueba sus habilidades son quienes salen al otro lado cambiados, con una nueva meta en mente y con un aprendizaje que no se puede reemplazar.

Y después de estos dos fines de semana… Puedo decir que Sekiro me cambio, como una forma de poner a prueba mi tolerancia a la frustración, mi recursividad y mi capacidad de ir un paso mas allá.

Así que… ¿qué esperas para ponerte a prueba y enfrentarte a estos retos?

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